PLACA 4

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Ubicada en la calle Madre Dolores Márquez.

Tras una Bula Papal, por solicitud del Conde Duque, se constituye la Colegiata «Nullius Diócesis» de Olivares. Esto hace que surjan conflictos jurídicos y económicos entre el Arzobispado y el Cabildo de Sevilla y la Colegiata de Olivares. Tras treinta años sin poder tomar posesión de las iglesias que pertenecían a su Abadía, el Abad de Olivares, cumpliendo con lo dispuesto por el papa Urbano VIII, toma posesión de la Iglesia de Albaida.
Relación de lo sucedido en la toma de posesión de las Iglesias que pertenecían a la Abadía de Olivares.
Desde la fundación de la Colegiata de Olivares, nullius diócesis, a cargo del Papa Urbano VIII, y a solicitud de don Gaspar de Guzmán, los conflictos con el arzobispo y el cabildo de la catedral de Sevilla fueron incesantes, como lo eran de igual manera con las demás colegiatas del territorio eclesiástico sevillano, Osuna, El Salvador y Jerez.

Tras el nombramiento del tercer Abad, don Juan Bautista Navarro por parte del patrono de la colegial don Luis Méndez de Haro (III Conde Duque de Olivares), decidieron que había llegado el momento de tomar posesión de las iglesias que pertenecían a la Abadía, ya que habían transcurrido más de treinta años de la erección de la misma y el cabildo sevillano continuaba de manera intransigente opuesto a que  se cumpliera lo redactado en la bula papal.

El Abad visitó al arzobispo de Sevilla fray Domingo de Pimentel, para leerle las recomendaciones dadas por el III Conde Duque de Olivares y los documentos de la nunciatura. La respuesta que recibió del arzobispo hispalense fue que diesen órdenes secretas a los curas de Sanlúcar la Mayor, Heliche, Albaida, Castilleja de Guzmán y Castilleja de la Cuesta, para que no permitiesen que tomasen posesión de la jurisdicción eclesiástica que mandaba el nuncio papal en sus despachos.

Los párrocos de las citadas poblaciones obedecieron con gran celo las órdenes recibidas y previeron a sus sacristanes de cerrar las puertas de las iglesias, dejando tan solo un postigo abierto y atrincherado con dos centinelas para que pudieran reconocer a toda persona que entraba a oír misa.

Tras este hecho don Juan Bautista Navarro, en marzo de 1652, provisto de la autorización del nuncio se encaminó hacia la cercana villa de Albaida y pese a las precauciones del sacristán consiguió entrar en la iglesia y tomar posesión judicial de la parroquia mientras el cura decía misa. Los centinelas dieron voces para prevenir al celebrante, pero ya era tarde, el cura no pudo contenerse y bajándose al centro de la iglesia y contradecir a voces la posesión que ya se había tomado.

El párroco tan pronto como pudo dio puntual aviso de lo sucedido al arzobispo y éste envió una tropa de capellanes y veinteneros de la catedral, llamados “Los Bravos de la Catedral”, los cuales cargados de toda clase de armas y con despacho del provisor, caminaron toda la noche  y al amanecer entraron en Albaida y cercaron la casa  de don Álvaro de Rivera, cura nombrado por el Abad, franquearon las puertas e hirieron en una pierna al religioso, al que prendieron y encerraron en un pequeño cuarto.

La expedición del arzobispo pretendía restituir al cura depuesto y llevarse preso a Sevilla a don Álvaro de Rivera, pero fue tanto el alboroto organizado por los veinteneros que la noticia no tardó en llegar a oídos del Abad de Olivares, que a toda prisa llegó al lugar de los hechos acompañado de su notario y  de un corto número de ministros de la justicia de Olivares, que prendieron a los  veinteneros que permanecían dentro de la casa del cura herido. Les fueron retiradas las armas y  extraída la pólvora y la munición. El Abad ordenó levantar acta de todo lo acontecido  y tras entregarles  de nuevo las armas a las tropas dispuso salieran  de inmediato del territorio de la Abadía.

Al mediodía el abad Navarro salió de Albaida y dispuso al Chantre de la Colegial pasase de inmediato a Castilleja de la Cuesta para tomar posesión de la villa en su nombre. Así lo hizo en un acto que tuvo lugar aquella misma tarde.

En agosto de 1653 calmadas de momento las disputas entre el arzobispo de Sevilla y el abad de Olivares, se realizó de forma pacífica la toma de posesión de los demás lugares de la  Abadía.

Bibliografía:

  • La Colegiata de Olivares. José María Vázquez Soto, 1985.
  • Historia de la villa de Albaida del Aljarafe: Un primer acercamiento.       Antonio Herrera García, Julio Ponce Alberca, 1992.
  • Albaida. Estudio documentado. Romualdo de Gelo Fraile, 1996.
  • Crónicas de una iglesia: La Capilla Mayor y el Insigne Colegial de Olivares.Antonio Mesa Jarén, 2013.
  • Basilio Rodríguez García. Agradecimiento por su aportación a este trabajo.

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