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HORNOS Y BARRANCA

 

barranca

La Barranca es un balcón natural que nos muestra el paisaje de la depresión del Guadiamar. Representa un entorno que conserva a pesar de la dejadez histórica, una extraordinaria diversidad de ecosistemas y especies que la hacen un lugar digno del que disfrutar. Se sitúa en la periferia de la localidad, y antaño fuera una cantera de extracción de arcilla, para la fabricación artesanal de ladrillos, y donde podemos encontrar los restos de los antiguos hornos empleados para esta explotación ladrillera.

Ya que, con pequeñas diferencias hasta sólo hace 10 años de la misma forma que en la actualidad, gracias al esmero y transmisión generacional que las familias propietarias de los hornos de ladrillos mantuvieron hasta entonces.

hornos

Los hornos aparecen en documentos de la Edad Media y siglos posteriores. Ejemplo de esto es el documento que data del año 1577 cuando el Deán y el Cabildo de la Iglesia aprobó las ordenanzas para la Villa de Albaida del Aljarafe, en cuyo artículo 76 se concedió a los “tejeros” el derecho exclusivo de cavar el barro con una ordenanza, “De lo que han de cavar los tejeros”. Cualquier otra persona que no fuese tejero era castigada con la pena de 100 maravedís por cada carga, siendo la mitad para el que acusarse y la otra mitad para el Cabildo. Esta considerado patrimonio Andaluz por la Junta de Andalucía. (pág. Miguel Ángel Castilla).

Aunque estudios arqueológicos que han analizado la composición del barro utilizado en los restos arqueológico encontrados en diversos asentamientos en la zona de influencia de Albaida de época romana como Andalusí afirman que el barro utilizados en sus ladrillos se extrajeron de la Barranca y probablemente y cocidos en estos mismos hornos.

Su elaboración era gracias a un sistema de trabajo multidisciplinar en el que se aunaban técnicas de esfuerzo y conocimiento para la fabricación de estos ladrillos. Trabajo duro y nada mecanizado totalmente del saber artesanal.

La materia prima popular es la arcilla siendo esta por tener unas cualidades especiales en su mezcla con el agua transformaba en maleable para darle distintas formas, la cual se conservaba al secarse.

Haciendo de este material el más versátil que tenían a su alcance.

La abundancia de este material en la naturaleza y su resistencia e impermeabilidad lo convirtieron en un producto profusamente utilizado en la Antigüedad.

No es azar que los hornos estén situados en el entorno de la Barranca ya que la situación geográfica del alfar estaba relacionada íntimamente con el lugar en el que se obtuviese la materia prima o con el objetivo de facilitar su transporte.

Los pasos que se seguían para la obtención eran:

– La extracción que era la obtención de la arcilla por un procedimiento que consistía en cavar hasta encontrar una veta arcillosa.

– Depuración de la pasta: la arcilla debía someterse a diversos procesos de depuración encaminada a reducir la cantidad de elementos extraños (piedras, conchas, vegetación).

– Amasado: se realiza para dotar de flexibilidad y homogeneidad a la arcilla, esta acción consistía en colocar pequeños cantidades de barro sobre una superficie plana al aire libre donde el alfarero la sometía a un acusado continuo con los pies y las manos. Esta operación podía prolongarse varias horas durante las cuales se eliminaba los cuerpos extraños que eran detectados con el pie.

– Modelado: es el momento en el que la arcilla pura a tener un cuerpo definido. Esto se obtenía con un molde paralelepípedo en cuyo fondo podía ser recubierto de arena para evitar que se pegara. El alfarero eliminaba con la mano la pasta sobrante y levantaba el molde o gavera intentando no deshacer el ladrillo. La operación se repetía tantas veces quisiera el alfarero, dejando entre uno y otro el grueso de la pared del molde.

– Secado: proceso en el cual la pieza perdía el agua que tenía, produciendo una disminución de ésta. Debía realizarse de forma gradual y lenta. Se secaban en la misma superficie donde se habían modelado, dándoles vueltas de manera continua para que se secasen totalmente.

– Cocción: es la última etapa de la fabricación de ladrillos y se llevaba a cabo con la ayuda de los hornos. En estos se cocían grandes cantidades de una sola vez. Los hornos disponían de dos partes: la cámara de cocción y bajo ésta la zona donde ardía la materia vegetal.

Estaba en la sabiduría y la experiencia del alfarero la buena y complicada colocación de los ladrillos en la cámara de cocción para la perfecta cocción de éstos, desde el primero hasta el último.

Este ladrillo lo podemos encontrar en casi todas las construcciones de nuestro pueblo y la comarca.

Fuentes:

– Revista Aula de Cultura (Romualdo de Gelo) Noviembre 2004.

– (pág. Miguel Ángel Castilla).

 

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